Pensaba quererte todos los días. Pensaba pensarte cada mañana y cada noche sentada al borde de la cama. Pensaba contar con tu opinión a cada paso. Pensaba no dudar de tu capacidad para alegrarme los días que me quedaran de vida. Pensaba preguntarme siempre como sería sin ti. Pensaba no dejarte nunca. Pensaba celebrar los veintisietes como agua de Mayo. Pensaba no tener que pedir nunca perdón, ni tener que perdonar. Pensaba y confiaba en nosotros, en lugar de tu y yo. Pensaba en lo poco que me importaría ir a donde estuvieras. En las ganas y en su disolución con el roce. Pensaba existir única y exclusivamente los días que fueramos felices sin motivo. Pensaba apartar la ira y el orgullo de la carretera hasta llegar al oasis. Pensaba en definirte como una prolongación de mi misma. Pensaba que rara vez daría explicaciones de mis hechos, usualmente incoherentes.
Y todo aquello envuelto en creencia rota, es papel mojado. Todo por pensar quererte. Por pensarte hasta que fuera perjudicial. Por pensarte hasta que doliera, hasta que dolió.
nsc