Que suba el telón:

Te ahorras decir te quiero para no asustarla, pero la quieres. Reflejado está en vuestra cara de tontos cuando vais de la mano y os coméis a besos por la ciudad. En las llamadas de madrugada que duran hasta el día siguiente. Las noches se hacen cortas, no te reconoces. Amor de verdad, puro. Durmiendo y despertando con ella en la cabeza. Mariposas en el estómago. Y todo está bien. Sale bien.
 Y de repente todo sale mal. Fatal. Aparecen defectos y ganas de huir. Ya no importan los planes. Hoy quieres quedar, y mañana no te apetece. Da la sensación de que actúas por obligación. Agobios. Llamadas perdidas, al igual que las ganas de coger el teléfono. Ya no es como antes, y te cansas de pasar noches pensando hacia dónde va todo esto. Cuesta abajo y sin frenos. Conversaciones de cinco minutos, decir te quiero de manera automática al final. Tensión. Celos. Ganas de discutir. De marcharse. De decir lo primero que se te pasa por la cabeza. Zorra. Imbécil. Niñato. Gilipollas. Y reproches. Cada uno por su camino. 
 Terceras personas que entran en vuestras vidas. Celos y comparaciones que tardaban en aparecer. Y ella ya no es ella, ahora es otra. No dependéis el uno del otro, no tenéis que daros explicaciones. Pero lo hacéis, y pedís perdón por hacer daño. Sin embargo, no dejáis de hacerlo. 
Decir que os queréis no va a solucionar nada. O quizá sí.  
Miedo a ser feliz de nuevo y volver a perderlo todo
-nsc