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+¿Qué saben los sueños de límites?+
Quiero que me despiertes todos los días, que llore de risa cuando me hagas cosquillas y que me hagas reir cada cinco minutos, que me beses bajo la lluvia, que me abraces cuando tenga frío, que te pongas celoso por nada, que me mires de esa forma, sentir ese cosquilleo cuando pasas, temblar al verte y que no me salga la voz.


Esto no es una declaración de amor. Más bien se trata de que quiero guardar nuestros cepillos de dientes en el mismo vaso, de compartir un colacao porque no queda leche para hacer dos o de lo imposible que es parar de reírnos aunque llevemos diez horas colgados de un chiste tonto. ¿Tú te acuerdas del momento exacto en que empezaste a quererme? Yo tampoco. Aunque intuyo que lo hicimos más o menos a la vez; igual que cuando pensamos lo mismo en el micro-segundo exacto en que cualquier persona que no sea nosotros tendría la cabeza en otra cosa. Tal vez, lo único que necesito es ahorrar en corazones para pagarte con ellos todos los momentos felices que te debo. Por eso creo que voy a comprarme una hucha gigante y a empezar a cuadrar mis cuentas. Así, cuando seamos viejos, ya habré reunido todo el tiempo del mundo. Y a lo mejor también algún día inventan un diccionario mejor y yo encuentro las palabras necesarias (porque son muchas) para definir lo que ahora te estoy declarando.